Himnario Bíblico
Cómo surgió este himnario

Durante julio y agosto de 1933, mientras celebraba en el único salón de clases de una pequeña escuela situada a unos trece kilómetros al oeste de Eugene,Oregón, EUA, reuniones que resultaron en el inicio de la obra mundial de la Iglesia de Dios, sucedió, algo sorprendente. Un hombre de 80 años de edad, estudiante bíblico de la localidad, se rehusó a acompañarnos en el canto de los himnos.

Puesto que carecíamos de un himnario propio, yo me había visto forzado a usar un que contenía, desde luego, himnos polulares entre los diferentes grupos evangélicos. El hombre a que me refiero me dijo: "Es tan pecaminoso cantar una mentira como decirla". No pude menos que concordar con él. Ya con anterioridad había caído en la cuenta de que muchos de los himnarios regulares contenían cantos que carecían de base escritural.

Sin embargo el cantar himnos si es, en sí, escritural. Jesús mismo cantó himnos después de haber celebrado Su última Pascua en compañia de los apóstoñes. La Escritura nos dice: "Y cuando hubieron cantado el himno , salieron al monte de los Olivos" (Mateo 26:30). Era claro para mi que el pueblo de Dios debería cantar las palabras inspiradas de Dios; no palabras faltaas de inspiración y a menudo sin base escritural.

 Lamentablemente, la Biblia no ha preservado ni revelado la partitura musical de los himnos. Dios, según parece, nos dejó a nosotros la tarea de escribirla.

Esta idea estaba de continuo en mi mente. Cierto día escuché a mi hermano menor Dwight tocar en el piano una compisición suya. Esta tenía el estilo de un himno, aunque sin la armonía tradicional de cuatro partes. Me quedé intrigado, pues esta tenía calidad y carácter. Estaba ya enterado de que mi hermano desde su niñez había mostrado tener un talento especial para la música. De inmediato le pedí que compusiera dos o tres himnos usando el texto de los salmos. Le tomó un poco de tiempo; no obstante, cuando los terminó, pude cerciorarme con alegría de que eran bastante buenos.

En 1947, cuando se inauguró la Institución Ambassador, le pedí a mi hermano que dedicara todo su tiempo a escribir música para ñas palabras de los Salmos — así como para cualquier otra Escritura — al estilo de himnos con armonía de cuatro partes. Por un corto tiempo, la Iglesia — que entonces era por demás pequeña — cantó los primeros 12 o 15 himnos que habían sido compuestos. La Iglesia creció, y también el número de los himnos cantados con las palabras inspiradas por Dios mismo.

Cuando nos fue posible imprimir nuestro primer himnario de la Iglesia de Dios, no teniendo un suficiente número de nuestros propios himnos, completamos nuestro tan pequeño himnario con bien conocidos cantos cuyas palabras procedían de las Sagradas Escrituras. En algunos casos hasta nos vimos precisados a hacer algunos cambios.

Gradualmente y a través de los años, el número de dichos himnos fue disminuyendo en las ediciones sucesivas de nuestro himnario, en tanto que más y más de los cantos compuestos por mi hermano fueron aumentando. Por los últimos años nuestras congregaciones han estado cantando casi en su totalidad nuestro propios himnos.

Ahora, al fin, el tiempo ha lllegado cuando hemos podido aumentar el número de nuestros propios himnos omitiendo varios de los antiguos y conocidos himnos. No obstante, hemos incluido algunos de estos cuyas palabras son apropiadas para cantar en nuestros servicios y que creemos nuestras congragaciones desearán cantar ocacionalmente.

Es, en verdad, un gran gozo haberlo logrado, al fin, tener un himnario propio para que cante la Iglesia de Dios. No puedo menos que decir que ésta es otra gran meta alcanzada por la Iglesia.


Fuente: Himnario Bíblico de la Iglesia de Dios Universal [bajo el liderazgo de Herbert W. Armstrong] en su versión impresa.